lunes, 26 de febrero de 2018

Diez indicadores que alertan sobre posible estrés de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo

Diez indicadores que alertan sobre posible estrés de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo

A veces, estar atentos a las señales es la mejor manera de detectar el estrés o cansancio extremos que sufren quienes cuidan a personas con alzhéimer o deterioro cognitivo. Para saber qué puede dar pistas facilitamos una serie de consejos.

- El primero es negarse a ver el deterioro en la persona a la que se cuida o minimizar su avance. Al quitarle importancia o no querer verlo se crea en uno mismo la sensación falsa de que la enfermedad no existe.

- Otro es el enfado con la persona enferma o con el entorno. La tensión se manifiesta en irritabilidad que se vuelca en los demás. A esto se unen cambios de humor.

- También es un claro síntoma el aislamiento social o privarse de aquellas actividades de ocio que antes gustaban y manifestar que se prefiere estar todo el tiempo con la persona enferma.

- La ansiedad o el miedo frente al futuro es otra pista.

- La depresión es un síntoma que cuando se detecta debe alarmar sobremanera. Disminuye la capacidad para solventar los problemas y causa un gran sufrimiento.


- El cansancio, cuando no agotamiento, impiden realizar tareas cotidianas y no hacerlas crea a su vez ansiedad. También la falta de concentración.


- El insomnio es otro síntoma claro. Las preocupaciones, el futuro, las tareas pendientes, deterioran la calidad del sueño con sus consiguientes secuelas físicas y psíquicas.

- Problemas de salud que surgen a causa del desgaste y las bajas defensas, que a su vez provocan otros problemas de ansiedad por no poder realizar las tareas.

Si reconocemos en alguien, o en nosotros mismos, alguno de estos síntomas no debemos demorar la petición de ayuda a profesionales especializados o dirigirnos a las entidades o asociaciones de familiares que nos pueden prestar apoyo.

No por cuidarnos a nosotros mismos estamos descuidando a nuestro familiar, al contrario, si nosotros estamos bien, nos dedicamos tiempo y atendemos a nuestras necesidades, seremos mejores cuidadores y todos ganaremos calidad de vida.

¿Qué pasa con el cuidador tras fallecer el enfermo que ha cuidado por años?

¿Qué pasa con el cuidador tras fallecer el enfermo que ha cuidado por años?

“Todo tiene su tiempo y su momento bajo el cielo. Un tiempo para nacer y un tiempo para morir.”
Eclesiastés: 3:2

La muerte al igual que la vida forma parte de nuestra condición natural como seres humanos frágiles y finitos; sin embargo, la muerte y todo lo que esta conlleva, no deja de ser un tema difícil de abordar, ya que en nuestra cultura occidental, no se nos prepara para aceptar y reconocer que la muerte es una parte constitutiva e inapelable de la vida.

Así que por más que se contribuya a su negación o que seamos menos tolerantes con su presencia, o por muy predecible, impredecible, injusta y arbitraria que pueda llegar a ser, no nos abandona, a todos nos alcanzará en algún momento de nuestra vida.

Por otra parte, a pesar de que la enfermedad, la dependencia o los estragos que conlleva la vejez pueden ayudarnos a aceptar la inminencia de la muerte, no deja de ser difícil y penoso aceptar la propia muerte y especialmente, aceptar la muerte y atravesar el proceso de duelo que nos genera la pérdida de un ser querido y al cual hemos cuidado por bastantes años de nuestra vida.

La palabra Duelo, proviene del término latino “Dolus” que significa dolor, y la solemos utilizar para referirnos a la reacción que nos genera la enfermedad, principalmente, aquellas enfermedades crónicas o terminales, y la muerte.  Con base en esto, podemos decir que “el duelo es una reacción psicológica natural, normal y esperable de adaptación ante la pérdida de un ser querido, y el cual puede manifestarse antes, durante y después de su fallecimiento’’. 

"Todo Cuidador será algún día ex-cuidador”, Jacques Selmès.

Además, de que el duelo es una experiencia observable,  ya que afecta a la persona en todos los niveles, emocional, cognitivo, comportamental, físico y social; también se caracteriza por ser un proceso  único e individual, ya que cada persona vive y padece el dolor de la pérdida con base a su propia subjetividad, al contexto socio-cultural al cual pertenece y con base a la relación previa que tenía establecida con el fallecido.

Por otra parte, el duelo también se caracteriza por ser un proceso en el cual no se puede definir con exactitud una fecha de inicio ni una fecha de caducidad para su elaboración, ya que como se mencionó anteriormente, el duelo es un proceso único e individual. Sin embargo, cuando hablamos del proceso de duelo, se suele hacer referencia a diferentes fases o etapas que se presentan de forma sucesiva en prácticamente “todas” las personas afectadas por una pérdida; estas fases o etapas son:

La fase de Shock o desconcierto, la fase de evitación-negación, la fase de desorganización y desesperación; hasta llegar a la última fase de reorganización-recuperación o aceptación de la pérdida. 

"En la enfermedad de Alzhéimer, los cuidadores tienen que afrontar, antes de que el familiar fallezca, un duelo anticipatorio”.

Pero, por muy ilustrativas o útiles que sea el conocer estas etapas, es importante no olvidar que el proceso de duelo siempre se vive de forma individual y única, ya que no existen dos personas iguales, ni tampoco dos cuidadores iguales, así que cada persona y cada cuidador  vivirá y padecerá su experiencia de duelo a su propia manera y a su propio ritmo, al igual que necesitará de su propio tiempo y hacer uso de sus propios recursos emocionales para elaborar su propio proceso de duelo; como indican diversos autores.

“El duelo es un proceso individual de reconstrucción de nuestra vida, tanto a nivel práctico como existencial, cuyo objetivo no es olvidar a la persona fallecida, sino otorgarle un lugar sereno en nuestra experiencia”(Neimeyer A).

En relación con el proceso de duelo por la pérdida de un ser querido como consecuencia de una enfermedad crónica como por ejemplo, la demencia o la enfermedad de Alzheimer, los familiares y en especial los cuidadores suelen vivir un proceso de duelo anticipatorio que comienza antes de que el familiar muera, que en palabras del médico psiquiatra, Julio Zarra: “el duelo anticipatorio es como si el cuidador velara al familiar enfermo en vida”; ya que debido al deterioro progresivo que acarrea la enfermedad, al cuidador le  toca ser testigo del deterioro físico, mental y  emocional del familiar enfermo.

Por tanto, el cuidador tiene que ir  afrontando de forma progresiva la pérdida de su ser querido tal como lo conocían, e ir viendo cómo este se va convirtiendo en una persona “extraña”, hasta llegar un momento en el cual la persona a la cual cuida es “irreconocible” para ellos; pero, lo más doloroso, es que para el cuidador, el familiar enfermo al cual no reconocen continúa siendo el padre, la madre, el abuelo, el esposo o la esposa, al que aman y cuidan por años y años.

  Es por este motivo que para los cuidadores afrontar este duelo anticipatorio, es un proceso bastante difícil y complejo, incluso puede llegar a ser más doloroso y generar más conflicto que la muerte del familiar,  no solo por todos los sentimientos  conflictivos como la rabia, la negación y la depresión que les genera el tener que aceptar que han perdido al familiar, que este ya no volverá a ser el que era antes de la enfermedad, sino también por el estrés y el desgaste físico y emocional que genera en los cuidadores las tareas de atención y cuidado.

A pesar de lo doloroso que pueda llegar a ser el aceptar y afrontar la muerte de un ser querido que ha padecido una enfermedad grave o crónica como lo es la enfermedad de Alzheimer, los cuidadores suelen tener la certeza que una vez fallecido el familiar al que cuidaban, encontrarán una especie de liberación interna y externa, que podrán volver a retomar sus vidas donde la habían dejado, o que ya podrán tener el tiempo suficiente para dedicarse a sí mismos y a sus proyectos, o que ya podrán hacer lo que les apetezca; en definitiva los cuidadores suponen que tras la muerte del familiar podrán reconstruir sus vidas y recuperar de alguna forma u otra el tiempo que han dedicado a cuidar; sin embargo esto no suele suceder de esta forma. 

Cuando le dedicas tanto tiempo a una persona, que ya no sabes si es de día o de noche, y encima sola como ha sido mi caso, acabas mal”. Ex-cuidadora.

Esto, ha quedado constatado en el estudio realizado en el año 2011 por la Fundación Alzheimer de España (FAE) sobre lo que pasa con los cuidadores después de que ha fallecido el familiar enfermo; dicho estudio encontró que si bien es cierto que “algunos cuidadores de alguna u otra manera pueden reconstruir sus vidas con relativa facilidad, debido al cese de las demandas y tareas permanentes  del cuidado, especialmente cuando los periodos del cuidado han ido acompañados por altos niveles de desgaste físico y emocional”, en otros casos, a los cuidadores les cuesta adaptarse a su nueva situación de ex-cuidadores; ya que el impacto emocional continúa tras el fallecimiento, incluso después del esperable periodo de duelo, no solo porque el cuidador ha perdido a un ser querido sino porque han dedicado gran parte de su vida a cuidar.

Según las estadísticas mundiales, los ex cuidadores de enfermos de Alzheimer han llegado a pasar hasta 18 horas al día atendiendo al familiar enfermo, especialmente en las etapas avanzadas de la enfermedad, y durante seis años consecutivos; es decir que el cuidado de su familiar se convirtió en el centro de sus vidas, como narra una ex-cuidadora: “Después de tantos años de cuidados, no sabía qué hacer porque mi vida estaba integrada en la de él (…) Con su fallecimiento llegó el vacío” (FAE).

Para los ex-cuidadores es muy difícil afrontar el vacío frente al cual los deja la muerte del familiar enfermo; ya que por un lado está el vacío por la pérdida del familiar al que quieren y cuidaban, y por otro lado, también se encuentran ante la necesidad de llenar el tiempo que antes estaba lleno de ocupaciones casi permanentes por las tareas del cuidado.

“La persona tiene que reconstruir, no recuperar, su vida, porque ya nada va a ser como antes”. María Crespo.

Por tanto, a los ex-cuidadores además de que les toca hacer el proceso de duelo por la pérdida del familiar, también les toca redefinir su propia identidad; ya que  han vivido muchos años siendo “solo cuidadores”, porque el cuidado y la atención del enfermo de una u otra manera los llevó a aislarse de sus círculos sociales, y a tener que renunciar a sus proyectos personales y profesionales.

Así pues, podemos llegar a pensar, que una vez el enfermo fallece el cuidador vivirá una especie de liberación, pero la situación es más compleja; ya que según el médico Psiquiatra Julio Zarra, muchos cuidadores después de la muerte de su ser querido suelen caer en un estado de depresión profunda, y además les  sigue atormentando la culpa de si pudieron haber hecho más por el enfermo, y por otra parte, y de acuerdo con diversos estudios,  “la mayoría de los ex-cuidadores, reconocen que sufren un fuerte estado de ansiedad porque no estaban preparados para afrontar la pérdida, y otros, aseguran sin dudarlo que volverían a cuidar a su familiar”.

¿Cómo se puede volver a retomar el hilo de una vida después de todo el tiempo que ha pasado? Esta es la pregunta que suele rondar por la mente de los ex-cuidadores, además en el momento que cesa su papel de cuidador se encuentran entre en una media de edad alrededor de los 50 años o más.  Así pues, ¿cómo se puede volver a retomar el hilo de una vida después de todo el tiempo que he pasado siendo cuidador? 

Lo primero que tenemos que tener claro es que la muerte de un ser querido supone un cambio sustancial en nuestras vidas, tanto a nivel interno como externo y que nuestro mundo no volverá ser igual al que teníamos antes; si el cuidador parte de aquí podrá empezar a recurrir a sus propios recursos emocionales internos y externos para reconstruir su mundo emocional, personal y social, no con el objetivo de olvidar a la persona ni de continuar con su vida donde la había dejado antes, sino para continuar con su vida desde otra mirada y desde otro lugar, y en compañía del recuerdo afectuoso y sereno de su ser querido.

El proceso de duelo no es algo que simplemente pasa, sino que requiere de una participación activa por parte de nosotros tanto a nivel interno como externo”.

A continuación, se plantean diferentes recursos que pueden ayudarle a los ex-cuidadores en su proceso de duelo y en la reconstrucción de su identidad.

– Acepten y asuman que han perdido a su ser querido y que esto es algo que no podrán cambiar por más que lo deseen; teniendo claro que la tarea no consiste en olvidarlo, sino en encontrarle un lugar en su vida psicológica que les permita continuar viviendo de forma serena y eficaz.

– Acepten que es algo natural que al principio se sientan muy desubicados en su día a día, que habrá un gran vacío en sus vidas y que necesitarán de un tiempo prudencial para ir reajustándose a su nueva realidad y para ir llenando sus espacios con otras actividades distintas a las que hacían como cuidadores.

– Sean conscientes y generosos con ustedes mismos, aceptando que hicieron lo humanamente posible y todo lo que estaba a su alcance para brindarle la mejor atención y los mejores cuidados al fallecido.

– Acepten y asuman que sus vidas no volverán a ser las que eran; que a partir de ahora les toca reconstruir y no recuperar lo que dejaron atrás.

– No nieguen el sufrimiento que supone la pérdida.  No escondan sus sentimientos, ya que es completamente natural que nos duela el perder a un ser querido y al cual hemos cuidado por años y años, así que sean generosos con ustedes mismos y con sus sentimientos de rabia, frustración y dolor que les genera la pérdida.

– Compartan con personas cercanas sus sentimientos y lo que les genera el que su ser querido ya no esté con ustedes. También pueden recurrir a la ayuda de un profesional, con el cual puedan compartir sus sentimientos y todos los conflictos emocionales que les genera la pérdida y el cual los pueda orientar para que puedan reconstruir sus vidas.

– Inscríbanse a grupos donde realicen alguna actividad que a ustedes les guste o que deseen aprender, además de que esto les permitirá volver a establecer relaciones con otras personas, también les podrá ayudar a sentirse menos solos y a comprender que la vida continua.

– Fomenten el autocuidado de sí mismos. A partir de ahora les corresponde velar y cuidar de sí mismos, así que cuídense con la preocupación y el esmero que hicieron con el fallecido.

– Busquen grupos de autoayuda. En estos grupos, además de que podrán compartir sus sentimientos con personas que han pasado o están pasando por su misma situación, también podrán establecer nuevos vínculos de amistad.

– Realicen alguna actividad física. El ejercicio además de que es muy beneficioso para su salud física y emocional porque disminuye las hormonas del estrés, también aumenta la liberación de serotonina, dopamina, adrenalina y endorfinas que son las sustancias químicas naturales que posee nuestro organismo para ayudarnos a que nos sintamos bien. 

Por tanto, hacer alguna actividad física como caminar todos los días 30 minutos, les ayudará a mejorar su estado anímico, a tener más conexión con su cuerpo y con ustedes mismos, y también les ayudará a sentir que la vida es movimiento, y que nosotros fluimos junto con ella.

Tomado de: Nancy Castrillón

domingo, 25 de febrero de 2018

Comunicarse con un enfermo de Alzheimer

Comunicarse con un enfermo de Alzheimer

​AYUDANDO A LA PERSONA A COMUNICARSE

El ayudar a alguien con Alzheimer a comunicarse requiere paciencia y comprensión.  A continuación damos algunas sugerencias para ayudar a su ser amado a dar el mensaje.

*  Mantengase calmado y tolerante.  Mírelo directamente a los ojos y tóquelo para tranquilizarlo y mostrarle que usted le está escuchando.

*  Demuestre interés en lo que está diciendo o sintiendo.

*  Póngale atención a su voz y gestos para ver si hay indicaciones de lo que él está sintiendo.  Algunas veces, sus emociones son más importantes que lo que está tratando de decir.

*  Si usted no entiendo lo que le está tratando de comunicar, hágaselo saber y anímelo a que le muestre o le haga gestos.

*  Si él no puede encontrar una palabra, se sentiría menos frustrado si usted le ofrece una idea.

*  Si él usa la palabra incorrecta y usted sabe lo que está trantando de decir, dígale la palabra correcta con cariño.  Si esto le molesta a él, no le corrija los errores futuros.

*  Si él está enfadado y no se puede explicar verbalmente, ofrézcale consuelo y tranquiliselo.  El tratar de hacerlo que explique puede enojarlo más.

AYUDANDO A LA PERSONA A ENTENDER

A continuación damos algunas sugerencias acerca de como puede usted ayudar a su ser querido a entender lo que está tratando de comunicarle:

+  Acérquese a él de frente pero recuerde que algunas personas se sienten más cómodos si usted les habla a la distancia de un apretón de manos.

+  Mantenga a un minimo la confusión, distracción y ruidos.

+  Empiece cada conversación identificándose usted y dirigiéndose a él por su nombre para orientarlo y hacerlo que le preste atención.

+  Hable despacio y claramente.  Use un tono de voz más bajo para que se sienta una sensación de calma.  Esto también ayudará a oir a una persona que no oye bien.

+  Póngale atención a su tono de voz.  El tono es tan imporante como las palabras que usted dice, porque la persona que tiene la enfermedad de Alzheimer puede sentir sus emociones.

+  Use palabras y oraciones cortas, simples y conocidas.

+  Expliquele sus acciones y divida los deberes e instrucciones en pasos claros y simples, dando un paso a la vez.

+  Repita las preguntas o la información usando las mismas frases y palabras usadas anteriormente.

+  Hable en términos positivos.  Limite el número de “no” y evite dar órdenes ásperas ó directas.68

+  Evite expresiones que él pueda tomar muy ligeramente, por ejemplo: “métete a la cama”.

+  Demuestre su pregunta dibujando, señalando o tocando las cosas.

+  Use nombres cuando se refiera a otros individuos en lugar de decir “él” o “ella”.

+  Trátelo con dignidad y respeto; recuerde que él es un adulto.  Con frecuencia es fácil menospreciar a alguien porque usted está usando palabras y oraciones simples.  Recuerde que los nombres cariñosos, tales como “querido” pueden sonar condescendientes también.

+  No le haga caso a alucinaciones o delirios inofensivos.  Una confrontación puede hacer peor la situación.  Responda con confianza.  Cambiele la idea hacia otra actividad.

+  Si parece que él no está prestando atención, trate de comunicarse nuevamente después de unos minutos.

+  Use comunicación no – verbal (una sonrisa, un abrazo), para reforzar la comunicación verbal o para comunicarse cuando ya no pueda entender las palabras.

COMUNICACIÓN NO VERBAL

La persona que tiene la enfermedad de Alzheimer puede entender el tocar de las manos mejor que las palabras.  Sosteniéndole la mano o poniendo su brazo alrededor de sus hombros puede transmitirle su mensaje cuando de otra forma no se puede.  Sin embargo, si la persona no le gustaba que lo tocaran antes de contraer la enfermedad de Alzheimer, es probable que haora no le guste que lo toquen tampoco.

Cuando usa la comunicación no – verbal, recuerde moverse muy despacio y tocarlo muy suavemente; no lo asuste.  Pongase de pie o agáchese cara a cara para mirarlo a los ojos.

Una sonrisa puede tranquilizarlo, un abrazo o un beso puede expresar cariño.  Una mirada a los ojos y las expresiones faciales pueden demostrarle que usted le está prestando atención.

La persona que tiene Alzheimer también puede usar la comunicación no verbal para expresar sus sentimientos.  Su observación y sentimientos.  Su observación y sensitividad lo ayudarán a usted a entender su mensaje.

El estrés del cuidador

EL ESTRES DEL CUIDADOR

El estrés del cuidador es frecuente en cuidadores de Alzheimer. Puede ser abrumador para cuidar de un ser querido con Alzheimer u otras demencias, pero demasiado estrés puede ser perjudicial para ambos.
Siga leyendo para conocer los síntomas y formas de evitar el agotamiento.

10 SÍNTOMAS DE ESTRÉS DEL CUIDADOR

• La negación de la enfermedad y su efecto sobre la persona que ha sido diagnosticada.
- Sé que mamá va a mejorar.

• La ira de la persona con enfermedad de Alzheimer, la ira que no existe cura o la ira que la gente no entiende lo que está sucediendo.
- Si él me pide que una vez más voy a gritar!

• Aislamiento social de amigos y actividades que una vez que producían placer.
- No me importa estar en contacto con los vecinos más.

• La ansiedad sobre el futuro. ¿Qué sucede cuando se necesita más atención de lo que puedo ofrecer?

• Depresión que comienza a romper su espíritu y afecta su capacidad para enfrentar la situación.
- No me importa.

• El agotamiento que hace que sea casi imposible completar las tareas diarias necesarias.
- Estoy demasiado cansado para esto.

• Insomnio causado por una lista interminable de preocupaciones.
- ¿Y si ella se aleja de la casa o se cae y se hace daño a sí misma?

• La irritabilidad que lleva a cambios de humor y desencadena respuestas y acciones negativas.
- Déjame en paz!

• La falta de concentración que hace que sea difícil llevar a cabo tareas familiares.
- Estaba tan ocupado, se me olvidó que tenía una cita.

• Los problemas de salud que empiezan a pasar factura mental y física.
- No puedo recordar la última vez que me sentí bien.

Si usted experimenta alguno de estos síntomas de estrés en forma regular, le recomendamos hablar con su médico.

Fuente: Serdomas

ACTIVIDADES DE LA VIDA DIARIA PARA REFORZAR NUESTRO CEREBRO

ACTIVIDADES DE LA VIDA DIARIA PARA REFORZAR NUESTRO CEREBRO

- Bañarse con los ojos cerrados, por lo menos una vez a la semana: sólo con el tacto, localice el jabón, shampoo, ajuste la temperatura del agua, etc. Esto con el fin de reconocer nuevas texturas y potencializar los sentidos.

- Usar la mano que sea menos hábil: la izquierda para los diestros, o la derecha para los zurdos; para escribir, comer, cepillarse los dientes, peinarse, abrir un cajón, manejar el mouse del computador, abrir y cerrar la llave del agua, etc.

- Movimientos cruzados: sentado en una silla, levante la rodilla derecha y tóquela con la mano izquierda, y viceversa. Se aconsejan series de 10 repeticiones.

- Hacer ejercicios con los dedos de las manos: unir la yema del pulgar con los demás dedos y repetir varias veces. Esto ayuda a que los dos hemisferios cerebrales se conecten.

- Cambiar la ubicación de las cosas: al saber donde está todo, la mente construye un mapa y se evita esfuerzos.

- Hacer crucigramas, rompecabezas, sudokus… juegos que inviten a pensar.

- Caminar de espaldas, puede ser en la casa donde no haya peligros.

- Cambiar de ruta para ir de la casa al trabajo.
Usar el reloj en la mano contraria a la que normalmente lo usa.

- Vestirse con los ojos cerrados.

- Estimular el paladar con cosas diferentes.

- Leer en voz alta.

- Ver las fotos al revés, de cabeza para abajo.

- Mirar la hora en un espejo.

Alztivista

sábado, 24 de febrero de 2018

Las cualidades de un buen cuidador de ancianos

Las cualidades de un buen cuidador de ancianos

¿Cuáles son las cualidades de un buen cuidador de ancianos?, ¿Qué hace que una persona sea un buen cuidador, especialmente cuando el paciente es alguien que ni siquiera conoce?, ¿Cuáles son las cualidades de un buen cuidador? Son preguntas bastantes frecuentes que se plantean los familiares y gente cercana a nuestros mayores y ancianos.

Personalidad. Este es el ingrediente más importante a considerar. Los cuidadores necesitan un innato sentido del altruismo, voluntad de servir y empatía, además de dulzura, actitud y paciencia para sobrellevar los malos días del paciente.

Experiencia. La experiencia es valiosa, ya que ayuda al cuidador a determinar si puede o no manejar una tarea en particular. Aunque no es el ingrediente principal que uno debe tener en cuenta para ser un buen cuidador, ya que un cuidador sin experiencia puede ser más atento y estar más dispuesto a ayudar.

Formación. Es difícil argumentar que los cuidadores con capacitación están más preparados para el cuidado que aquellos que nunca han recibido una educación formal. Sin embargo, si el cuidador tiene una mala actitud o una pobre ética en el trabajo, ni todo el entrenamiento ni toda la formación hará de él un buen cuidador. Si su ser querido necesita cuidado personal una persona con experiencia y con una actitud positiva natural, puede ser muy eficaz con los pacientes, así que proporcionarle una buena formación es una de las muchos deberes del Sistema Nacional de Atención a la Dependencia.

Fiabilidad. Los cuidadores trabajan en gran parte sin supervisión. Pida referencias sobre su trabajo, lo que le dará pistas sobre si puede o no puede confiar en él. Pero no lo tome demasiado en serio; las referencias pueden proporcionar una idea de lo que pasará cuando usted no esté alrededor, pero existe una gran cantidad de personas que no están dispuestas a exponerse a posibles recriminaciones y muchas veces no quieren dejar pasar la oportunidad de ganarse la vida, así que dan las referencias sesgadas.

Rendición de cuentas. Cómo una persona acepta la crítica suele ser una indicación fiable de si se sienten o no responsables de su paciente. Cualquier persona que no puede admitir los errores del pasado debe ser visto con sospecha; los cuidadores que echan la culpa de las cosas que van mal a otros, no son de fiar. Puede ser una reacción natural para evitar la culpa, pero las personas responsables aceptan su culpa.

Honestidad. La honestidad no sólo significa que el cuidador no robe a los mayores desvalidos o a sus familias. Significa también que ellos llegan con puntualidad, manejan sus responsabilidades con precisión y por lo general pueden dar cuenta de la medicación, los suministros y el dinero que se le encomiende.

Necesidad económica. Tenemos una repulsión natural hacia los cuidadores que abiertamente reconocen que están haciendo este trabajo porque necesitan dinero. Tenemos una tendencia a asumir que significa que no se van a preocupar por nuestro familiar. Después de todo, la mayoría de nosotros mantenemos empleos porque tenemos que pagar nuestras cosas. Si va a contratar a un cuidador entonces entienda que asume la responsabilidad de la gestión de esa persona y negociará continuamente su compensación.

En definitiva, ¿qué hace que una persona sea un buen cuidador de ancianos? Se trata de un conjunto de cualidades intrínsecas que ciertas personas poseen y que otros no. Es todo acerca de la personalidad y la forma en que la personalidad encaja con el paciente y los miembros de su familia.

viernes, 23 de febrero de 2018

En memoria...

En recuerdo a todos aquellos seres queridos que hemos perdido por culpa de alguna dolencia.....