viernes, 6 de marzo de 2020
10 cosas importantes que tu cerebro está tratando de decirte.
lunes, 24 de febrero de 2020
¿Por qué las personas con demencia no se comportan igual?

Hay muchos malentendidos y confusión sobre la demencia; quizás no sea algo sorprendente ya que todavía hay mucho que aprender sobre la condición.
La demencia es un término usado para describir un conjunto de síntomas que pueden incluir pérdida de memoria y dificultades para pensar, resolver problemas o hablar, así como cambios en el estado de ánimo o comportamiento. Estos cambios dificultan que las personas puedan realizar sus actividades diarias básicas.
Si bien la demencia no es una parte normal del envejecimiento, el mayor factor de riesgo para la demencia es la edad avanzada. Alrededor del 5 al 8 por ciento de los adultos mayores de 65 años tienen algún tipo de demencia.
La demencia es progresiva, lo que significa que los síntomas empeoran gradualmente con el paso del tiempo.
Este porcentaje se duplica cada 5 años después de los 65. Casi la mitad de las personas de 80 años tienen alguna demencia. Se estima que los casos de demencia se triplicarán para el año 2050.
Centro de control
Todo lo que hacemos es controlado por el cerebro, el cual genera las instrucciones que le dicen a las partes de nuestro cuerpo qué hacer, además de moldear los comportamientos complejos, como la personalidad y la cognición, es decir, nuestra capacidad para pensar, comprender y hacer cosas.
Cuando una persona tiene demencia, las neuronas en varias partes de su cerebro dejan de comunicarse adecuadamente, se desconectan y mueren gradualmente.
Ciertas causas de la demencia afectarán diferentes partes del cerebro, y los síntomas que desarrolla una persona con demencia dependerán de la parte de su cerebro afectada, lo que explica por qué las personas con demencia no presentan el mismo comportamiento.
La demencia no se refiere a una enfermedad específica, sino a una colección de síntomas similares. Puede ser causada por la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas, o desencadenada por una enfermedad cardíaca, un derrame cerebral o lesiones en la cabeza.
Memoria afectada
Una de las cosas más comunes que ocurren en la demencia es la pérdida de memoria. Puede que no sea el primer cambio que ocurra, pero suele ser una de las primeras cosas que las personas notan.
Los problemas de audición pueden causar dificultades de memoria en los ancianos
A medida que avanza la demencia, la persona puede desarrollar comportamientos que parecen inusuales o fuera de lugar.
La pérdida de memoria comienza cuando las neuronas en una parte del cerebro llamada hipocampo, la cual realiza un seguimiento de las actividades que se realizan minuto a minuto, se degeneran y mueren.
Esta es la razón por la cual una persona con demencia puede tener problemas para hacer un seguimiento de lo que está haciendo, recordar dónde está y cómo llegó allí o formar nuevos recuerdos.
Perder la capacidad de formar nuevos recuerdos u olvidar los recuerdos más recientes, conlleva a que los recuerdos más vívidos podrían ser de décadas atrás. Es por esto que una persona con demencia puede sentir que existe en otro momento.
No se detiene
La demencia es progresiva, lo que significa que los síntomas empeoran gradualmente con el paso del tiempo. La rapidez con que esto sucede varía mucho de una persona a otra.
Con el apoyo adecuado y el acceso a ayuda e información, muchas personas con demencia pueden llevar vidas productivas y felices durante años.
A medida que avanza la demencia, la persona puede desarrollar comportamientos que parecen inusuales o fuera de lugar, los cuales pueden llegar a ser angustiantes o desafiantes tanto para la persona la persona afectada, como para las personas cercanas a ella.
Hay diferentes tipos de demencia, las cuales se distinguen por diferentes patrones de síntomas, aunque cada persona con el mismo tipo de demencia no necesariamente exhibirá el mismo conjunto de síntomas, especialmente al principio.
La forma en que la demencia puede afectar la personalidad y el comportamiento puede ser muy diferente entre las personas, pero con el apoyo adecuado y el acceso a ayuda e información, muchas personas con demencia pueden llevar vidas productivas y felices durante años.
Fuente: tekcrispy.comviernes, 10 de enero de 2020
No hay dos enfermos iguales
jueves, 19 de diciembre de 2019
Si vives con un enfermo de Alzheimer, no te enfades con él.

Si vives con un enfermo de Alzheimer, no te enfades con él.
Desde la experiencia como hija de un enfermo de Alzheimer, aquí van ideas para quienes se encuentran con esta enfermedad en su vida: o porque la sufren ellos o porque la sufre un ser querido.
Diagnosticaron Alzheimer a mi padre hace ahora algo más de 11 años. Fue casi por “casualidad” porque quien iba a la consulta era mi mamá. Sin embargo, el médico que la visitaba notó algo raro en mi papá y pidió quedarse a solas con él un momento. A la salida, nos pidió que urgentemente lo lleváramos a un especialista. Y así fue cómo empezó todo.
Mi papá y toda mi familia vivimos el Alzheimer durante 7 años. Digo vivimos porque la enfermedad la padece el enfermo, pero la vida de los de alrededor, si uno está en la familia, queda afectada en todos los sentidos.
Hay que tomar decisiones, adaptarse a los cambios, aceptar las limitaciones, negociar entre ustedes para que todos colaboren en la medida que quieran y puedan… Pero también hay que saber reconocer los límites.
La enfermedad de Alzheimer muestra la limitación de la naturaleza humana, hoy por hoy, por mucho que hablen algunos transhumanistas de “la muerte de la muerte”,o sea, la inmortalidad, en 2050. De momento, lo que la ciencia muestra es que nuestras neuronas y el organismo humano en su conjunto envejece, y con el Alzheimer envejece de una forma irreparable.
Es importante escuchar a los médicos y estar al caso de las novedades que vayan apareciendo en Medicina. Pero creo que también es esencial, sobre todo en el caso de enfermedades degenerativas como el Alzheimer, APRENDER A VIVIR CON ÉL. Porque en la vida práctica eso es lo que vamos a tener que hacer.
Por eso me permito algunas reflexiones que son fruto sencillamente de la experiencia en casa y en mi familia. Muchas de ellas las he comentado con otras personas que han vivido o viven la misma situación, y por eso creo que no son casos aislados ni estoy hablando de heroísmo. Al contrario, diría que son recetas caseras sin más.
Aquí van:
- Si vives con un enfermo de Alzheimer, no te enfades con él.
- Si es tu padre o tu madre y sabes que antes te entendía cuando le explicabas las cosas, si ves que ahora pone cara de extrañeza, no te enfades con él.
- Si acaba de preguntarte algo, le has respondido y vuelve a preguntártelo, no te enfades con él.
- Si le acabas de cambiar el pañal porque ya no sabe llegar solo al baño, y se ha hecho otra vez pis encima, no te enfades con él.
- Si mientras estabas cambiando las sábanas de su cama, cuando lo estabas moviendo hacia otro lado como te enseñaron las enfermeras, ha mojado el suelo y la funda del colchón, no te enfades con él.
- Si lleváis dos horas buscando las llaves de casa o del coche y él no recuerda dónde las dejó, no te enfades con él.
- Si son las tres de la madrugada, te despiertas porque oyes un ruido, y es él que anda por la casa como si fueran las doce del mediodía, ha encendido la televisión y todas las luces, no te enfades con él.
- Si un día comienza a dejarse la comida en la boca, hace bola, tose y se atraganta y lo deja todo perdido, no te enfades con él.
- Si te mira fijamente, le preguntas quién eres, te vuelve a mirar fijamente y al final se encoge de hombros, no te enfades con él.
Asume que estás con una persona enferma que no buscó voluntariamente que sus neuronas se fueran apagando.
Decide amar a esa persona porque merece ser querida: porque te dio la vida, porque te cuidó, porque es tu familia…
Acepta que es la enfermedad quien lleva la dirección, pero eres tú quien puede hacer que esta última etapa de la vida sea un infierno para él y para vosotros o un episodio del que queda una gratitud sin fin por ambas partes.
Afronta el Alzheimer como un reto. Aunque se habla de triatlón y mediáticamente los runners están más premiados, ser cuidador de un enfermo de Alzheimer es cien veces más meritorio.
Sé humilde y deja ayudarte cuando sea necesario. Aprende a descansar para poder cuidar. Esta no es la carrera de los 100 metros lisos: puede que sea la maratón o más.
Cambia el orden de prioridades que tenías antes de que le diagnosticaran el Alzheimer. Haz que lo que decidas sea aquello de lo que siempre luego estés orgulloso. Nunca te arrepentirás de haber amado.
Trabajen en equipo: tus padres, tus hermanos, tus primos, los cuidadores externos, los amigos… La pena compartida es menos pena, el cansancio y la fatiga se pueden distribuir un poco, y el apoyo psicológico y moral ayudan un montón.
No digas frases como “es lo que hay” o “no se puede hacer nada”. Cada día habrá lo que tú quieras que haya, a partir de lo que la enfermedad disponga: buen humor, cambio de planes… Eso depende del sentido que le des a lo que estás haciendo. (Si eres creyente, te ayudará contar con Dios en cada una de estas jornadas: no está muy lejos el día en que se canonice a alguien que fue cuidador de enfermo de Alzheimer, estoy segura).
Si el enfermo de Alzheimer es creyente, ayúdale a que encaje la enfermedad en su modo de entender la vida y de practicar la fe: que pueda recibir los sacramentos, que escuche de tu boca -cuando ya no pueda expresarse- las oraciones que él reza… Notarás que recuerda las oraciones y canciones que rezaba de pequeño.
Trabaja la inteligencia incluso para aprender del Azheimer: tú observas la enfermedad tanto como quien está ante un microscopio. La ves cada día, sus avances, sus estancamientos… Únete a alguna asociación para dar a conocer tu “know how”. Si puedes, hazte también voluntario de algún estudio centífico.
Y antes de que fallezca el enfermo de Alzheimer, no olvides que el enfermo no eres tú sino él. Él es quien lo pasa peor, quien se dio cuenta en las primeras fases de la enfermedad de que su memoria le fallaba y de que ya no era el de antes, de que lo que le queda por venir le da miedo. Ayúdale a recorrer el camino de la enfermedad como le gustaría que lo hicieras si fuera consciente de cada paso.
No te enfades con nadie que sufra Alzheimer. Al contrario, pregúntate si haces todo lo que está en tus manos por ayudarle y por ayudar a sus cuidadores. Si lo piensas, quizá puedes hacer más de lo que imaginas. Y seguro que el agradecimiento te llega, tarde o temprano. Llámalo karma, si quieres; yo lo llamo Providencia.
Fuente: es.aleteia.orgmiércoles, 18 de diciembre de 2019
Sí algún día no recuerdo
Si algún día no recuerdo.
Si algún día no recuerdo… Si algún día no recuerdo, mi niña…
Hazme el favor de no olvidar tú.
Recuerda las risas, las miradas, las canciones.
No olvides que un día fuimos una. Y no sólo en esos nueve meses en que me aseguré de darte vida. Hasta que tú me lo permitas, cariño, seremos una.
Mis ojos seguirán mirando por ti, mis manos evitándote peligros, mi cuerpo acoplándose a tus necesidades.
Si notas que se fueron de mi cabeza momentos únicos, abrázame con fuerza. Muy probablemente, tu olor me los devuelva. Y si no ocurre, tráelos tú. Trae los momentos mágicos, los que se grabaron a fuego, y explícamelos. Puede que siga sin recordar, pero volveré a vivirlos, y todo volverá a ser como siempre.
Recuerda las letras de las canciones, los bailes a deshora, los dulces.
Los saltos en los charcos, los abrazos de calma a medianoche, los despertares de cosquillas.
No olvides que siempre te quise más que a mi vida, que tu felicidad fue mi única meta, que toda la vida la viví por ti.
Que diste sentido a las peores pesadillas, y no sé si te lo dije lo suficiente.
Abrázame fuerte y sentiré, a pesar del olvido, que siempre fuiste mi punto de llegada, mi hogar, mi “estar en casa”.
Ojalá no llegue nunca ese momento, vida mía, ojalá cuando sea viejita podamos explicarnos batallas y revivir historias, cogidas de la mano, riendo a carcajadas.
Pero si olvido, pequeña… Si olvido, relee estas líneas, no las pierdas nunca… Y no dudes que te amo como a nada, que eres el motivo de mi sonrisa.
Y vive, mi niña, vive profundamente, ríe y ama como si fueran recursos escasos. Vive para grabar recuerdos.
Y abrázame para traerlos de vuelta.
Carol García
Tomado de:
La brújula del cuidador
