jueves, 5 de noviembre de 2020

Derechos de las personas cuidadoras


-El derecho a dedicar tiempo y actividades a sí misma sin sentimientos de culpa.

-El derecho a experimentar sentimientos negativos por ver enfermo o estar perdiendo a un ser querido.

-El derecho a resolver por nosotros mismos aquello que seamos capaces y el derecho a preguntar sobre aquello que no comprendamos.

-El derecho a buscar las soluciones que se ajusten razonablemente a nuestras necesidades y la de nuestros seres queridos.

-El derecho a ser tratados con respeto por aquellos a quienes solicitamos consejo y ayuda.

-El derecho a cometer errores y ser disculpados por ello.

-El derecho a ser reconocidos como miembros valiosos y fundamentales de nuestra familia incluso cuando nuestros puntos de vista sean distintos.

-El derecho a querernos nosotros mismos y a admitir que hacemos lo que es humanamente posible.

-El derecho a aprender y a disponer del tiempo necesario para aprenderlo.

-El derecho a admitir y expresar sentimientos, tanto positivos como negativos.

-El derecho a “decir no” ante demandas excesivas, inapropiadas y poco realistas.

-El derecho a seguir la propia vida.

MANIFIESTO «DÍA DEL CUIDADOR»


El Consejo General de la Psicología y el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid queremos hacer público un manifiesto para conmemorar el Día del Cuidador.

Cuídate para cuidar.

Se define al cuidador o cuidadora como “aquella persona que asiste o cuida a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad, minusvalía o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales cotidianas o de sus relaciones sociales” (Flórez y Andeva, 1997).

Esta labor de ayuda, que es desempeñada de manera frecuente por familiares o personas cercanas que tienen un vínculo afectivo con la persona dependiente, resulta en ocasiones penosa porque supone una carga difícil de sobrellevar, no solo física sino también psicológica. Una experiencia prolongada en el tiempo que exige una reorganización familiar y laboral en función de las tareas de cuidar.

Cuidar supone:

- Perder libertad.
- No tener horarios.
- No tener tiempo libre ni para la familia ni para los amigos.
- No disfrutar de vacaciones.
- Realizar un esfuerzo que no recibe ninguna recompensa, a veces ni agradecimiento.
- Sentirse solo, triste, preocupado
- Dificultades para conciliar el cuidado del familiar con el trabajo
- Que el rendimiento laboral se vea afectado por la sobrecarga de cuidar
- Sufrir, por saber que el final será duro, que no habrá solución y que tendrá que tomar decisiones difíciles.
- Problemas de salud física y mental.

Una cuidadora o cuidador se enfrenta a cada situación de Dependencia de manera diferente. Cada persona posee estrategias de afrontamiento distintas para abordar las situaciones negativas, pero cuando la persona no es capaz de adaptarse a las circunstancias de una manera positiva aparece el llamado “Síndrome del Cuidador”, que se manifiesta con síntomas como: nerviosismo, estrés, tristeza, disminución del apetito, dolores, sudoraciones, taquicardias, trastornos del sueño, falta de atención, problemas de memoria, afecciones de la piel, reducción del rendimiento laboral, automedicación, disminución del autocuidado, etc.

Para poder cuidar es necesario cuidarse a uno mismo, mantener un buen estado de salud, sentirse bien a nivel emocional y tener calidad de vida. Esto se traducirá en prestar una atención de calidad a la persona dependiente.

La persona que cuida necesita:

- Cuidar su salud, a nivel físico y psicológico.
- Orientación e información para entender la enfermedad y problemas de salud de la persona dependiente.
- Conocer en términos realistas las posibilidades de recuperación, rehabilitación y reinserción en la vida cotidiana.
- Conocer los recursos disponibles a los que puede recurrir para facilitar el cuidado.
- Recursos para tener a su familiar cuidado y poder continuar con su vida.
- Escucha, comprensión y apoyo.
- Orientación, información para entender sus sentimientos, emociones, preocupaciones y estrategias de afrontamiento.
- Tiempo libre.
- Aprender a pensar en su bienestar.
- Autocuidado y orientación para realizarlo.
- Mantener la vida social.
- Conocer sus límites y aceptar que no puede con todo.
- Aprender a pedir ayuda.
- Que su esfuerzo y dedicación sea valorado.

Desde la Psicología llevamos años proporcionando ayuda y apoyo a los cuidadores a través de:

- Planes de prevención e intervención psicológica para los cuidadores, con el objetivo de proporcionar calidad de vida integral.
- Información, asesoramiento y formación de calidad y actualizada.
- Apoyo y atención psicológica, estrategias de conducta, toma de decisiones y fomento de la autoestima a cuidadores, tanto a nivel individual como parte de un equipo interdisciplinar.
- Investigación y del conocimiento científico actual sobre sistemas de seguimiento y control de los índices de prevalencia e incidencia; patologías asociadas; índices de mortalidad, sexo, edad y perfil de cuidadores; problemas de salud mental asociadas a las tareas de cuidado; impacto emocional, social y familiar.

Hoy 5 de noviembre, con motivo del Día del Cuidador, desde el Grupo de Trabajo de Psicología del Envejecimiento queremos dar a conocer esta labor y representar, reivindicar y difundir la profesión y el rol del psicólogo en la atención al cuidador ante la sociedad, el sector de atención gerontológica y la administración.

http://bit.ly/32kXuZe

miércoles, 4 de noviembre de 2020

¿Por qué un día mundial del cuidador de Alzheimer?

 
Los cuidadores de pacientes con Alzheimer son personas que entrañan un gran riesgo en su salud por las consecuencias del intenso cuidado de éste tipo de pacientes. La carga que soportan es tal que, si no tienen las suficientes y apropiadas orientaciones y apoyos, puede hacer que su salud, fuerzas y ánimo flaqueen. La enfermedad es tan compleja y globalizada que requiere una atención plena y cierta cualificación para ser capaces de manejar la sintomatología y gestionar las emociones que pueden desestabilizarse en el propio cuidador.

Teniendo en cuanta las previsiones con respecto al envejecimiento de la población de aquí al año 2050, y a su vez, las relacionadas con la incidencia de la enfermedad de Alzheimer, estamos ante una problemática mundial que hoy por hoy no ha hecho más que comenzar. Estas predicciones deberían ir acompañadas de una serie de medidas y apoyos para que, en la medida de lo posible, se optimice la calidad de vida tanto de los propios pacientes como de sus cuidadores. Además de las múltiples investigaciones que en éste momento se encuentran trabajando para averiguar un poco más sobre esta enfermedad y sobre su posible cura, las medidas deberían ir orientadas al cuidado, atención y formación de los enfermos y cuidadores que se encargarán de ellos.

Un Día Mundial del cuidador de Alzheimer proporciona en primer lugar reconocimiento a la difícil labor de estas personas. Gracias a ese reconocimiento se dará voz a profesionales, cuidadores y enfermos proporcionando un espacio de expresión, formación y atención. Se extenderá la famosa “Cultura del envejecimiento activo” que tan importante es para prevenir los efectos de esta enfermedad. Se logrará una mayor concienciación de la enfermedad y de la labor del cuidador, y posiblemente se logren mayores recursos para continuar y potenciar su investigación.

Las 10 reglas del cuidador


Vivir las 24 horas del día y de la noche con un familiar afectado por la enfermedad de Alzheimer es una prueba para la que ninguna persona está preparada.


Estos diez consejos le servirán como reglas de oro para “capear" con éxito las situaciones que se le van a presentar.

Léalas detenidamente.

No intente aplicarlas todos a la vez. Elija el o los consejos que mejor le parecen adecuarse con la situación actual.

* Regla 1: mantener la calma

Es la primera de todas las reglas.

A menudo usted se sentirá irritado/a, desasosegado/a, nervioso/a, por la conducta de su familiar.

No se encolerice. Esto no sirve para nada pues su familiar no se comporta según las reglas habituales, familiares, sociales o de convivencia, las olvida.

Su conducta no responde ya a una lógica. No tiene la intención de ponerle a usted en una situación desagradable sino que reacciona respondiendo a un estado mental que no es como el suyo.

La dificultad viene porque en parte sigue siendo él mismo pero la enfermedad le vuelve diferente. Hay que aprender a distinguir la persona que conocía del enfermo en él que se ha convertido.

Por otra parte, si usted le presiona, reaccionará a su enfado, encolerizándose, gritando, agitándose...

Estas reacciones (que le pueden parecer verdaderos despropósitos) incrementarán su estrés y le harán la vida imposible. Trate, al máximo, de no desencadenarlas.

* Regla 2: dejarle el tiempo que necesita

Muy a menudo, se piensa que las pérdidas de memoria disminuyen si se somete al enfermo a una estimulación permanente.

De buena fe, el cuidador puede inducir una “hiperestimulación", es un error.

Si usted le pide a su familiar demasiado (si le hace muchas preguntas, si le encomienda actividades difíciles de realizar o muy continuadas) se encolerizará, gritará y romperá los objetos.

Es su forma de comunicarle que no puede controlar la situación.

Déjele respirar. Déjele tiempo para hacer tareas aunque tarde más de media hora. No encadene las actividades unas tras otras. Si le hace una pregunta, dele tiempo para comprenderla y para contestarla.

En general, es bueno estimularlo para realizar actividades de las que todavía es capaz, pero evite hacerle sentir en una situación de fracaso pidiéndole cosas que ya no puede hacer.

* Regla 3: dejarle vivir a su ritmo sin intervenir sistemáticamente en su manera de vivir

Hay que evitar dos actitudes muy frecuentes:

    1. La que consiste en impedirle realizar las actividades caseras porque las lleva a cabo mal o de una manera que a usted no le gusta, “No pone bien la mesa, equivocando los cubiertos y los platos; hace mal las camas, no coloca sus cosas donde debería". A menudo los enfermos permanecen inactivos y olvidan mucho más rápidamente los hábitos de la vida diaria porque la familia los aparta de la vida familiar. Esta exclusión genera un sentimiento de fracaso, lo que disminuye aún más su autoestima,
    2. La que consiste en dejarle hacer lo que quiere. Mientras su actividad no sea peligrosa para él o para los demás miembros de la familia, déjele libertad para continuarla, incluso si su actitud es extraña o no habitual. Si quiere acostarse con su sombrero, déjele. Si ella juega con una muñeca creyendo que se trata de su nieta, permítaselo. Por el contrario, manténgase firme impidiéndole actividades que pueden llegar a ser peligrosas. Niéguese a dejarle conducir el coche, a tocar la llave del gas, a jugar con objetos cortantes, a fumar en la cama… si considera que ya no está capacitado para ello.

* Regla 4: no discutir

Su familiar puede encontrar buenas razones para justificar sus olvidos.

Puede acusarle de haberle robado su monedero si ya no lo encuentra.

No discuta con él.

Su lógica ha dejado de ser la nuestra.

Asimismo, evite, en su presencia las discusiones con otros miembros de la familia y los comentarios negativos.

*Regla 5: no regañarle

Poco a poco se olvida de las convenciones que rigen las relaciones sociales.

Aparece una desinhibición que explica las conductas inapropiadas.

No sirve de nada regañarle o amenazarle, incluso con el dedo.

Mucho mejor felicitarle aún que no ha cumplido bien lo que estaba haciendo.

* Regla 6: no tomar a mal sus conductas ilógicas o incoherentes

Los trastornos del comportamiento que pueden manifestarse no son dirigidos contra usted, su familiar no lo hace a propósito para fastidiarle.

Es su manera de reaccionar ante una situación que ya no domina.

* Regla 7: organizar su vida de forma rutinaria

Usted sabe que su enfermo pierde poco a poco la memoria, lo que quiere decir que es incapaz de aprender nuevas formas de actuar.

Por ejemplo, cada uno de nosotros tenemos nuestras propias costumbres a la hora de lavarnos, vestirnos, comer. Es nuestra rutina.

Hay que utilizar al máximo la rutina que su familiar elaboró en el transcurso de su vida, manteniéndola y evitando innovar: hacer siempre las mismas cosas, en el mismo orden, en el mismo sitio y a la misma hora.

Le facilitará la vida de su enfermo y la suya propia.

* Regla 8: preparase a tomar decisiones en su lugar

Su familiar tenía una responsabilidad total, o parcial, sobre las decisiones relacionadas con la vida familiar y, siempre, sobre las decisiones relativas a su propia vida.

Usted sabe que llegará un momento en el que su estado ya no le permita tomar estas decisiones.

Sobre usted y los demás miembros de la familia, recae ahora el peso de las decisiones.

Ya se dará usted cuenta de que las decisiones son múltiples y diferentes: algunas concernientes a la gestión económica del hogar, otras son relativas a la vida en común y a los hijos.

También existen decisiones “médicas" que afectan a la propia vida de su familiar: ¿hay que autorizar un ingreso hospitalario o una intervención? ¿Debe participar en algún ensayo terapéutico?

En cualquier caso hacer frente, solo, a una decisión difícil es angustioso. Si tiene usted familia, implíqueles en el proceso de toma de decisiones. Así, la familia podrá discutir, sopesar y compartir la responsabilidad.

* Regla 9: simular situaciones que puedan producirse

Siempre es difícil reaccionar con eficacia ante una situación imprevista.

La improvisación, sobre todo en un contexto estresante, es mala cosa.

Pongamos un ejemplo. Su familiar sale de compras por su barrio. Pasan tres horas y no vuelve a casa: Se ha perdido.

Usted se asusta. ¿Hay que ir a buscarlo? ¿Es mejor esperarlo?

¿A quién hay que avisar? ¿Llamo a los hospitales? ¿A la policía?

Si usted ha pensado en esta posibilidad, estará mejor preparado para afrontar la situación. ¿Está provisto de una pulsera, de una medalla o de una tarjeta de identificación en la que figuran su nombre, apellidos, dirección y el número de teléfono? ¿Ha hablado usted de su enfermedad con los vecinos para que puedan ayudarle a reconstruir el camino que ha seguido?

¿Tiene usted a mano el número de teléfono de la comisaría más cercana para denunciar su desaparición?

¿Tiene usted una foto reciente para ayudar a identificarle?

¿Es usted capaz de describir cómo iba vestido?

Pensar en las situaciones que pueden ocurrir y saber cómo actuar, disminuirá su angustia y, si la situación se produce, aumentará la eficacia de sus decisiones.

* Regla 10: cuidarse de uno mismo

No se le repetirá nunca lo suficiente.

Ha aceptado enfrentarse a una situación difícil, de corazón y con todo el amor que usted siente hacia su familiar.

Pero la más bella de las abnegaciones no le dará la fuerza física para resistir a los cuidados y a la atención que es preciso dispensar durante las 24 horas del día.

La persona que cuida a un familiar con Alzheimer en casa le dedica una media de 8 horas al día, cada día de la semana.

¿Cuánto tiempo resistiría usted si no se concediera plazos para descansar, para dormir o, simplemente para tener un respiro? ¿Cómo se encontrará de humor? ¿Cuáles serán sus reacciones cuando el enfermo cometa algún error? ¿Cuál será la calidad de los cuidados que le dará?


Recuerde que en la mitad de los casos, el ingreso del enfermo en una residencia se debe al agotamiento de su cuidador.

#CuidarseParaCuidar

#CuidandoAlCuidador

QUIEN ES EL CUIDADOR...???


Por tradición, la familia ha asumido una parte importante en los cuidados de las personas mayores, de pacientes con enfermedades crónicas incapacitantes, que viven o no, en el mismo domicilio. 
Pero dentro del núcleo familiar estas tareas nunca han estado repartidas de forma ecuánime entre sus miembros. 
Según datos extraídos del informe del Imserso de 2004, el 82% de los cuidadores son mujeres. De este porcentaje, un 43% son las hijas, un 22% son esposas y aproximadamente el 8% son nueras del paciente. 
La edad media de las cuidadoras es de 52 años, aunque el 20% superan ampliamente la sesentena.

Además, el 60% de los cuidadores informales no comparte la tarea con otras personas, sean de la familia o no. La rotación familiar o sustitución del cuidador principal se da en muy pocos casos. 
La mayoría están casados, comparten domicilio con el paciente dependiente y tiene una percepción de prestar cuidados de forma permanente y continua. 
Por esta razón, la valoración sanitaria a domicilio de cualquier persona con algún tipo de discapacidad importante, física o psíquica, que requiera de ayuda de cuidadores, ha de incluir tanto la evaluación del propio paciente como de la persona encargada de su cuidado.

El aumento de la esperanza de vida y el consiguiente envejecimiento de la población, que va asociado a múltiples enfermedades crónicas e incapacitantes, y la reducción de la estancia hospitalaria son factores que determinan que uno de los servicios esenciales en cuanto a sanidad se refiere sea la atención sanitaria a domicilio. 
Y para que esta atención sea de calidad es necesario contar con la presencia del cuidador informal.

#CuidarseParaCuidar #CuidandoAlCuidador

lunes, 2 de noviembre de 2020

CUANDO YO MUERA

No derrames una lágrima de tristeza porque he muerto... 
Derrama una lágrima de alegría porque estoy descansando... 
No llores porque he muerto, mejor sonríe porque ya no sufro... 
Cuando yo muera, no te acerques a mi ataúd a pedir perdón, porque ya no podré oírte... 
Mejor dime que encontraré la paz.
No me digas cuanto me querías, si en vida no pudiste hacerlo de corazón, ahora menos lo harás...
Mejor deseame que encuentre la paz que necesito.
Cuando yo muera, no me regales flores, porque no podré verlas...
Mejor siembra esa flor que sabes que yo amaba. 
No pongas en mi ataúd lo que más me gustaba, si en vida no me los diste, ¿para hacerlo qué ahora?
Cuando yo muera... 
No te arrepientas y me digas cuanto sufres por mi ausencia... 
Si en vida no valoraste mi presencia... 
Muchas veces me hizo falta una compañía y tu no estuviste a mi lado... 
Cuando yo muera solo te pido una cosa, recuérdame como fui en vida y ten presente los buenos momentos que juntos vivimos...
Solo recuerda... 
No he muerto simplemente he terminado mi vida en este mundo, no he muerto porque sigo mi camino hacía otro mundo, donde te estaré esperando, pero tarda mucho tiempo en llegar, que yo, desde aquí te cuidaré...
Recuerda que si vivo en tu corazón no habré muerto y moriré hasta que tú decidas sacarme de él.

domingo, 1 de noviembre de 2020

"Querida Madre"


Hoy como cada día de mi vida vuelvo a sentir la necesidad de tenerte a mi lado. Acariciar tu hermoso pelo, mirar tus ojos, sentir que la vida merece si tú estás en ella.

No hago más que preguntarme qué te gustaría a ti que yo hiciera con mi vida, con mis sueños, con mi futuro pero también con mi presente. Me enseñaste que hay que labrar la vida como el agricultor a la tierra para poder recoger la cosecha, y esa cosecha madre deseo recogerla junto contigo algún día, cuando así Dios lo permita, dame fuerzas para llevar adelante mi objetivo de vida, y muchas gracias por ser una madre tan especial, merecedora de todos los halagos que en el mundo pudieran existir.

Muchos han sufrido la ausencia de ese ser tan maravilloso que es la madre, pero muchos más la tienen con vida y tal vez no valoren esa joya preciosa que el día que les falte invitará a pensar en lo mucho que pudieron darle en su momento, amor, cariño, comprensión apego, saber que tenemos hijos nos llena, pero recibir de ello la reciprocidad de unos sentimientos antes aportados, dedicación, esfuerzo, no es una paga, es una premiación en justa recompensa.

Para todas las madres que fallecieron y que viven en nuestros corazones.

"No desaparece lo que muere, sino lo que se olvida"